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Salud mental en crisis: por qué las empresas deben tomarse en serio la prevención del suicidio

En Chile, el suicidio supera al homicidio y las cifras de enfermedades laborales asociadas a la salud mental son alarmantes. Este artículo aborda el vínculo entre el sufrimiento psíquico y las condiciones de trabajo, destacando por qué las empresas deben asumir un rol activo en la prevención, más allá del yoga y las pausas activas. El bienestar emocional es un tema estructural y urgente.

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Psicóloga clínica · Subjetivamente

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Salud mental en crisis: por qué las empresas deben tomarse en serio la prevención del suicidio

En Chile, hablar de suicidio ya no puede seguir siendo un tabú. Es un fenómeno creciente, doloroso y, sobre todo, prevenible. Y aunque solemos pensarlo como un drama individual, cada vez es más evidente que el entorno laboral tiene mucho que ver en esta crisis silenciosa.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 40 segundos alguien en el mundo se quita la vida. En Latinoamérica, Chile ocupa el sexto lugar en tasa de suicidios, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2022). ¿Una paradoja? Mientras los homicidios consumados en el país fueron 1.207 en 2024, el suicidio los superó con una tasa de 10,3 por cada 100 mil habitantes. Más que un dato, un grito de alerta.

¿Quiénes se están quitando la vida? Nuevos perfiles, viejos silencios

Un estudio histórico de la Universidad Adolfo Ibáñez, que rastreó el suicidio en Chile desde 1920, entrega un dato contundente: los hombres mayores de 40 años representan hoy más de la mitad (53%) de los suicidios, y los que superan los 50 años, un 29%. A principios del siglo XX, los suicidios eran apenas el 0,2% de las muertes; hoy, son el 2% del total nacional.

“El país tiene cinco suicidios por cada tres homicidios, pero la cobertura mediática y las políticas públicas no reflejan esa realidad”, señala el historiador Manuel Llorca-Jaña, coautor del estudio.

Además, la brecha de género se ha ensanchado: por cada mujer que muere por suicidio, hay cinco hombres. Un dato que no es solo biológico, sino profundamente cultural: ellos buscan menos ayuda, tienen menos redes de apoyo y, cuando toman la decisión, suelen usar métodos más letales.

El trabajo: un factor que enferma

La relación entre salud mental y condiciones laborales es directa y alarmante. Según el último informe de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), el 72% de las enfermedades profesionales en Chile están vinculadas a salud mental. En comparación, las musculoesqueléticas (como las lesiones físicas por sobrecarga) apenas alcanzan un 16%.

En hombres, los diagnósticos de salud mental laboral aumentaron del 39% al 50% entre 2019 y 2024. En mujeres, el salto fue aún mayor: del 72% al 81%. Sectores como salud, administración pública y educación —con alta presencia femenina— concentran los mayores índices. ¿Coincidencia? No. Son ámbitos con fuerte demanda emocional, alta carga laboral y poco reconocimiento.

Un informe reciente de la SUSESO y el CEAL-SM diagnosticó que uno de cada cinco lugares de trabajo en Chile presenta riesgos psicosociales severos. Las áreas más críticas: vulnerabilidad (88,3%), sobrecarga de trabajo (86,6%) y exigencias emocionales (78,5%). Un cóctel que puede resultar letal si no se interviene a tiempo.

¿Yoga para el estrés? No basta

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo dice claro: la salud mental debe abordarse como un derecho laboral, no como un beneficio optativo. De nada sirve ofrecer meditación o pausas activas si los jefes maltratan, si no hay conciliación con la vida personal, o si la sobrecarga laboral es la norma.

Desde la Mutual de Seguridad, el psicólogo Héctor Jaramillo advierte que el 75% de los centros de trabajo en Chile presenta riesgo psicosocial medio o alto. Por eso han impulsado un "Modelo de Bienestar Mental Laboral", que no solo evalúa el ambiente, sino que capacita a líderes, forma monitores y rediseña las organizaciones.

Jaramillo subraya las señales de alerta: cambios de ánimo, errores frecuentes, aislamiento, fatiga persistente, insomnio, ausentismo o incluso aumento del consumo de alcohol. “Actuar antes del colapso es la clave”, afirma.

Una herramienta innovadora que han promovido es la figura del "Gatekeeper": personas capacitadas dentro de la empresa para detectar signos de riesgo suicida y activar redes de apoyo antes de que sea tarde.

Liderazgos protectores, no punitivos

Jorge Encina, trabajador social del Servicio de Salud Metropolitano Norte, lo resume así: “Las organizaciones deben ser factores protectores”. Programas como Saludablemente han logrado reducir crisis agudas mediante intervenciones oportunas, espacios de escucha y trabajo en red.

Encina también destaca el impacto de la Ley Karin (N° 21.643), que establece protocolos para prevenir y sancionar el acoso laboral y sexual. Desde su entrada en vigencia, las derivaciones por salud mental han aumentado en más del 70%, lo cual evidencia que muchas situaciones estaban siendo silenciadas.

Pero aquí, el rol de los jefes es central. No se trata de invadir la privacidad, sino de crear relaciones de confianza. Como dice Roberto Larraechea, director de CircularHR: “Cualquier líder debería tener la sensibilidad para notar si alguien se vuelve más callado, se irrita con facilidad o comete errores repetidos. Esas señales son un llamado a preguntar: ‘¿Cómo estás de verdad?’”.

Y esto no es solo tarea de los jefes. “Culturalmente, todos los equipos deberían incorporar este chip de cuidado mutuo”, añade.

La salud mental también tiene género

Las desigualdades estructurales también pasan por la salud mental. Según datos de la SUSESO, el 67,9% de las mujeres reporta un estado de salud mental no óptimo, frente al 56,2% de los hombres. Además, ellas sufren más acoso y violencia laboral.

Y, sin embargo, son los hombres quienes más mueren por suicidio. Encina lo explica así: “Muchos hombres siguen creyendo que ‘ser fuertes’ es no sentir tristeza ni ansiedad. Por eso se aíslan más, piden menos ayuda y, cuando están en crisis, están más expuestos a actuar sin contención”.

Mirada sistémica, acción urgente

Chile atraviesa una crisis de salud mental que se expresa con claridad en los espacios laborales. Y aunque no hay soluciones mágicas, sí hay caminos posibles: rediseñar el trabajo, formar líderes sensibles, monitorear ambientes, proteger desde la ley y, sobre todo, reconocer que cuidar la salud mental no es un gasto: es una inversión humana y productiva.

Porque al final del día, nadie se quita la vida de un momento a otro. Las señales están ahí. La pregunta es: ¿las estamos viendo?

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