¿Qué es ser niño hoy? Una mirada desde la psicología clínica

La pregunta de qué significa ser niño en el siglo XXI es una pregunta con datos detrás, y esos datos muestran una infancia bastante distinta a la que vivieron sus padres, con implicancias que llegan directo a la salud mental, un tema que hoy preocupa a pediatras, psicólogos y organismos internacionales por igual.

¿Qué es ser niño hoy? Una mirada desde la psicología clínica

Un niño de ocho años de hoy probablemente nunca ha conocido un mundo sin YouTube ni sin videollamadas. A esa misma edad, en promedio, ya tiene un teléfono propio con acceso a internet. Esto no era así hace apenas una década. La pregunta de qué significa ser niño en el siglo XXI no es retórica, es una pregunta con datos detrás, y esos datos muestran una infancia bastante distinta a la que vivieron sus padres, con implicancias que llegan directo a la salud mental, un tema que hoy preocupa a pediatras, psicólogos y organismos internacionales por igual.

Una infancia que nació conectada

Los niños nacidos desde 2010 forman lo que el investigador australiano Mark McCrindle bautizó como Generación Alfa, la primera generación enteramente del siglo XXI. La diferencia con generaciones anteriores no es solo que usan tecnología, es que crecieron sin un "antes" de ella. Fundación Telefónica los describe como nativos "onlife", es decir, niños para quienes lo físico y lo digital no son dos mundos separados sino un continuo indistinguible.

Esto se nota en la edad en que llega el primer teléfono. En Chile, según el estudio Kids Online Chile 2022 (CEPPE UC, IE-CIAE Universidad de Chile, con apoyo de UNICEF), la edad promedio de acceso al primer celular con internet bajó de 11 años en 2016 a 8,9 años en 2022. En Estados Unidos, el 95% de los adolescentes tenía smartphone en 2024 según Pew Research Center, y ya en 2019 más de la mitad de los niños de 11 años tenía uno propio.

El tiempo frente a pantallas también creció. Según el reporte Media Use by Tweens and Teens de Common Sense Media, los niños de 8 a 12 años en Estados Unidos pasan en promedio 5 horas y 33 minutos diarios en pantallas de entretenimiento, cifra que sube a 8 horas y 39 minutos entre los adolescentes. Son números muy por encima de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, que sugiere cero pantallas antes del año de edad y máximo una hora para niños de 2 a 4 años.

No es solo que los niños usan más pantallas, es que buena parte de lo que antes ocurría en la calle o en el patio ahora ocurre en una plataforma.

El juego cambió de lugar

No es solo que los niños usan más pantallas, es que buena parte de lo que antes ocurría en la calle o en el patio ahora ocurre en una plataforma. El juego libre al aire libre ha cedido terreno frente al juego digital. YouTube desplazó a la televisión tradicional como el entretenimiento preferido de niños y adolescentes, y el tiempo dedicado a videojuegos entre menores de 8 años creció un 65% en solo cuatro años, según el censo 2025 de Common Sense Media.

La socialización también se trasladó. Amistades que antes se sostenían con encuentros presenciales hoy se mantienen, en parte, a través de mensajes de texto y videollamadas. Esto no es necesariamente negativo, permite mantener vínculos a distancia y crear comunidades en torno a intereses compartidos, pero cambia la naturaleza de cómo los niños aprenden a relacionarse entre pares.

El niño como producto

Un fenómeno que no existía antes de esta generación es el de los niños influencers que generan ingresos económicos a través de su propia imagen en redes sociales, los llamados niños influencers. Un estudio de la Universidad de Pisa de diciembre de 2023 estimó que los ingresos generados en línea por niños de 0 a 12 años provienen principalmente de YouTube, con 959,1 millones de dólares, seguido de Instagram y Facebook. Entre los adolescentes de 13 a 17 años, las cifras suben todavía más, con Instagram liderando por sobre los 4.000 millones de dólares. Detrás de esas cifras hay una pregunta incómoda sobre el consentimiento de un niño para exponer su vida frente a audiencias masivas, muchas veces compuestas mayoritariamente por adultos desconocidos.

Ciberacoso, el patio de recreo que no cierra

Uno de los cambios sociales más documentados es cómo el acoso entre pares dejó de terminar cuando sonaba el timbre de salida. El estudio HBSC de la Organización Mundial de la Salud para Europa, con datos de cerca de 279.000 jóvenes de 11 a 15 años en 44 países, encontró que las víctimas de ciberacoso subieron entre 2018 y 2022 del 12% al 15% en los niños y del 13% al 16% en las niñas. En Chile, el estudio Kids Online 2022 mostró que un 35% de los niños había recibido trato ofensivo o desagradable, en persona o en línea, frente a un 20% en 2016, y que más de la mitad de esos casos ocurrió específicamente en internet.

Salud mental, el corazón del debate

Si hay un punto donde toda esta transformación se vuelve más delicada es la salud mental infantil y adolescente. Es también el terreno donde existe más investigación reciente, y más desacuerdo entre quienes la interpretan.

El psicólogo Jonathan Haidt, en su libro The Anxious Generation, sostiene que la infancia basada en el teléfono recableó el cerebro de una generación entera y provocó una epidemia de ansiedad, depresión y autolesiones, especialmente en niñas, desde aproximadamente 2012. Su hipótesis conecta directamente el ascenso del smartphone y las redes sociales con las curvas de salud mental adolescente, que en varios países de habla inglesa y nórdicos empezaron a deteriorarse en ese mismo período. Investigadoras como Candice Odgers, de la Universidad de California en Irvine, y Amy Orben, de Cambridge, cuestionan esa conclusión. Argumentan que la mayoría de la evidencia disponible es correlacional, no experimental, y que los tamaños de efecto medidos en estudios con muestras grandes son pequeños, comparables a otros factores cotidianos sin mayor relevancia clínica.

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La evidencia institucional aporta algunos datos concretos sobre mecanismos específicos. La American Psychological Association, en su informe de 2023 sobre uso de redes sociales en la adolescencia, señaló que el uso de pantallas en la hora previa a dormir se asocia con alteraciones del sueño, y que el sueño insuficiente en la adolescencia afecta el desarrollo neurológico, el funcionamiento emocional y aumenta el riesgo de conductas suicidas. También identificó la comparación social como un mecanismo de riesgo particular, el desplazamiento constante entre el propio cuerpo, vida o logros y los de otros usuarios, muchas veces mostrados de forma idealizada, se asocia con menor autoestima en adolescentes, sobre todo mujeres.

Un estudio de Sapien Labs, publicado en 2025 en el Journal of Human Development and Capabilities con datos de más de 100.000 jóvenes en 163 países, encontró que recibir el primer smartphone antes de los 13 años se asocia con peores indicadores de salud mental en la adultez temprana, incluyendo mayor presencia de pensamientos suicidas, agresividad y baja autoestima. El propio estudio advierte que estos efectos no son directos, sino que están mediados por variables intermedias como el acceso temprano a redes sociales, la exposición a ciberacoso y la calidad de las relaciones familiares, lo que refuerza la idea de que no es el dispositivo en sí mismo lo determinante, sino lo que ese acceso temprano habilita.

UNICEF Innocenti, en un informe de junio de 2025 basado en datos de 21 países, ofrece un matiz importante frente al pánico generalizado, no encontró evidencia clara de que el tiempo de pantalla en sí mismo dañe la salud mental infantil. Lo que sí encontró con claridad es que los niños que sufren abuso sexual en línea o ciberacoso presentan niveles mucho más altos de ansiedad, pensamientos suicidas y autolesiones. La conclusión práctica de UNICEF es que el foco debería estar en prevenir esos riesgos específicos, y no en restringir el tiempo de pantalla de manera general, ya que eso último puede además perjudicar el desarrollo de habilidades digitales sin proteger realmente la salud mental.

Recibir el primer smartphone antes de los 13 años se asocia con peores indicadores de salud mental en la adultez temprana, incluyendo mayor presencia de pensamientos suicidas, agresividad y baja autoestima.

En Chile, los indicadores disponibles muestran una tendencia preocupante en paralelo a estos cambios. Según datos publicados en la Revista Chilena de Salud Pública (2024), 2022 fue el año con mayor número de ingresos por ideación e intento suicida registrados en el sistema de salud entre 2019 y 2022, con 5.818 ingresos por ideación suicida y 4.086 por intento suicida. La fundación CONVIVO ha reportado que la tasa de suicidio adolescente aumentó un 31% entre 2013 y 2022. Estos datos no permiten establecer una relación de causa y efecto directa con el uso de tecnología, pero sí describen el contexto de salud mental en el que esta infancia hiperconectada está creciendo, y refuerzan por qué el acompañamiento adulto en el uso de pantallas no es un tema secundario.

No toda la infancia digital es igual

Un punto que suele quedar fuera de la conversación es la desigualdad. Mientras en algunos hogares el problema es el exceso de pantallas, en otros el problema es exactamente el opuesto, la falta de acceso. Según datos de UNICEF y la Unión Internacional de Telecomunicaciones, dos tercios de los niños del mundo en edad escolar, unos 1.300 millones, no tienen internet en casa. La brecha es particularmente marcada en América Latina, donde la diferencia de acceso entre zonas rurales y urbanas es la más alta del mundo. Esto significa que hablar de "la infancia digital" en singular es, en cierto modo, impreciso, hay experiencias de infancia muy distintas según el nivel socioeconómico y el país donde un niño nace.

Entonces, ¿qué es ser niño hoy?

Es crecer en un mundo donde el juego, el aprendizaje, la amistad y hasta el trabajo pueden ocurrir en la misma pantalla. Es tener acceso a información y entretenimiento de una manera que ninguna generación anterior tuvo, y al mismo tiempo estar expuesto a riesgos, como el ciberacoso o la explotación comercial de la propia imagen, que tampoco existían antes de esta manera. Y es, con datos que ya no se pueden ignorar, crecer en medio de una conversación urgente sobre salud mental infantil y adolescente, donde el sueño interrumpido, la comparación social constante y la exposición temprana a redes sociales aparecen una y otra vez asociados a mayor ansiedad, menor autoestima y, en los casos más graves, a pensamientos suicidas.

La evidencia disponible sugiere que la diferencia no la hace tanto la cantidad de horas frente a una pantalla, sino la calidad del acompañamiento adulto, la conversación abierta sobre lo que se ve y se vive en línea, la protección del sueño, y sobre todo la atención temprana a señales concretas de malestar emocional, más que la prohibición genérica. Ser niño en el siglo XXI no es mejor ni peor que serlo en otra época, es distinto, y la salud mental es, hoy, el terreno donde esa diferencia se juega con mayor claridad.

Fuentes

  • McCrindle Research. Generación Alfa. https://mccrindle.com.au/
  • Fundación Telefónica. Nativos onlife.
  • Kids Online Chile 2022. CEPPE UC, IE-CIAE Universidad de Chile, UNICEF Chile.
  • Pew Research Center (2024). Teens, Social Media and Technology.
  • Common Sense Media. The Common Sense Census, Media Use by Tweens and Teens (2021) y The 2025 Common Sense Census, Media Use by Kids Zero to Eight.
  • Organización Mundial de la Salud. Guidelines on physical activity, sedentary behaviour and sleep for children under 5 years of age (2019).
  • Organización Mundial de la Salud / Europa. Health Behaviour in School-aged Children (HBSC) Study, 2024.
  • Universidad de Pisa (2023). Estudio sobre ingresos generados por niños creadores de contenido, diciembre de 2023.
  • American Psychological Association (2023). Health Advisory on Social Media Use in Adolescence.
  • UNICEF Innocenti (2025). Childhood in a Digital World.
  • Jonathan Haidt (2024). The Anxious Generation.
  • Odgers, C. Reseña crítica en Nature (2024).
  • Orben, A. y Przybylski, A. (2019). Nature Human Behaviour.
  • UNICEF / Unión Internacional de Telecomunicaciones (2020). How many children and young people have internet access at home.
  • Sapien Labs (2025). Global Mind Project. Journal of Human Development and Capabilities.
  • Osorio, M. et al. (2024). Revista Chilena de Salud Pública, Vol. 28.
  • Fundación CONVIVO. Datos sobre tasa de suicidio adolescente en Chile, 2013-2022.
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