“Siento que voy atrasado/a en la vida”: un malestar frecuente en la adultez joven.
La adultez joven es una etapa de transición marcada por la presión de "definirse". Cuando el éxito no llega en los tiempos esperados, surge la frustración. En este artículo, la psicóloga clínica Anika de Nordenflycht (Subjetivamente, Viña del Mar) analiza por qué la vida no es una carrera lineal y cómo la psicoterapia ayuda a integrar una identidad más amable y coherente.
La adultez joven es una etapa de transición crítica donde la identidad se pone a prueba frente a las expectativas del entorno. En el siguiente artículo, la psicóloga clínica de Subjetivamente, Anika de Nordenflycht, analiza el fenómeno del "sentirse atrasado", un malestar que afecta profundamente el bienestar emocional de los jóvenes adultos. A través de una mirada integradora —basada en la mentalización y el enfoque narrativo—, Anika nos propone herramientas para comprender de dónde vienen estas exigencias y cómo la psicoterapia puede ser un espacio clave para reconstruir un sentido de valor propio en tiempos de incertidumbre.
¿Te ha pasado mirar a tu alrededor y sentir que todos avanzan… menos tú?
Que otros ya tienen claridad, estabilidad o logros que a ti aún te parecen lejanos. Como si la vida fuera una “carrera” y existiera un ritmo “correcto” para ella, y de alguna manera hubieras quedado atrás.
En la consulta, es habitual para quienes trabajamos con adultos/as jóvenes escuchar frases como “siento que todos avanzan menos yo” o “debería estar en otro lugar a esta edad”. Esta sensación de estar atrasado/a en la vida aparece incluso en personas que estudian, trabajan o cumplen con lo que socialmente se espera de ellas. Muchas veces, esto ocurre en contextos donde las exigencias son constantes, y donde puede volverse difícil reconocer los propios esfuerzos y logros como suficientes.
Adultez joven: una etapa clave en la construcción de la identidad
En este sentido, la adultez joven suele estar atravesada por decisiones relevantes: elecciones laborales, cambios de rumbo, construcción de vínculos, preguntas por la identidad. Este periodo ha sido descrito como una etapa de exploración y transición, donde la inestabilidad y la búsqueda de definiciones son parte del proceso (Arnett, 2000).
Sin embargo, esta misma apertura puede vivirse con ansiedad. Aparece la presión por “definirse”, por encontrar un lugar claro y definitivo. Y cuando eso no ocurre, o bien, tarda más de lo esperado, es común que surja inseguridad, frustración o una sensación persistente de estar “fallando”.
Este malestar se vincula muchas veces con comparaciones constantes, mandatos externos e ideales de éxito que funcionan como referencias rígidas. La adultez joven es una etapa atravesada por decisiones relevantes -laborales, vinculares, identitarias- y por una fuerte presión por “definirse”, lo que puede generar ansiedad, inseguridad y una vivencia persistente de insuficiencia. Así, el malestar suele vincularse con comparaciones constantes, mandatos externos e ideales de éxito que operan como referencias rígidas.
Cuando la experiencia propia no coincide con estos parámetros, pueden aparecer sentimientos de frustración, vergüenza o dudas respecto del propio valor. Sin embargo, desde una mirada clínica, entendemos que los procesos vitales no siguen trayectorias lineales ni responden a tiempos universales.
Darle lugar a tu propio ritmo
Los procesos vitales no siguen trayectorias universales ni tiempos únicos. Aunque muchas veces se presenten como tal, las vidas no avanzan en línea recta ni bajo una misma lógica, ni tampoco debiera sentirse como una “carrera”.
Reconocer esto no implica renunciar a los proyectos, sino abrir la posibilidad de construirlos desde un lugar más propio; un lugar que considere las condiciones reales, los recursos disponibles, las historias personales y también los momentos de pausa o incertidumbre.
Se trata, más bien, de ir construyendo una relación más amable con uno/a mismo/a, que permita sostener los procesos sin quedar atrapados únicamente en la comparación o la autoexigencia.
¿En qué puede ayudar la psicoterapia?
En este sentido, la psicoterapia puede ofrecer un espacio para abordar precisamente todo lo anterior; para detenerse y revisar estas exigencias para comprender de dónde vienen ciertas ideas sobre el éxito, el tiempo y el valor personal. Este proceso favorece una mayor coherencia interna y una identidad más integrada (Erikson, 1968).
El trabajo terapéutico busca favorecer una relación más amable con uno/a mismo/a y abrir la posibilidad de construir proyectos que tengan sentido personal, más allá de las comparaciones.
A veces, lo que se siente como atraso no es más que un tiempo distinto.Un tiempo que, aunque incómodo, también puede ser necesario para construir algo más propio, en donde puedas permitirte preguntarte: ¿qué es lo que realmente quiero yo?
Referencias Bibliográficas
Arnett, J. J. (2000). Emerging adulthood: A theory of development from the late teens through the twenties. American Psychologist, 55(5), 469–480
.Erikson, E. H. (1968). Identity: Youth and crisis. Norton.

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