Si el malestar es estructural, ¿qué estamos haciendo en la consulta?
El campo aceptó que el malestar tiene condiciones sociales, y de ahí sacó una conclusión cómoda: que una clínica capaz de nombrar la causa estructural ya dejó de participar en su privatización. Nombrar la causa cambia la atribución, no el lugar donde el sufrimiento se tramita. Lo que sí lo evita son tres decisiones técnicas sobre cómo se conduce un proceso.
En este artículo
- Por qué reconocer el origen social del malestar no basta para que la consulta deje de privatizarlo
- Cómo el sentido del síntoma cambia qué cuenta como mejoría dentro de un proceso
- Por qué la mentalización bajo alta carga es lo contrario de tolerar, y no una versión amable de tolerar
- Qué ocurre cuando un proceso no nombra en voz alta lo que no puede hacer
Por Subjetivamente
Publicado en 2026
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Hace veinte años, a alguien que llegaba agotado se le explicaba que tenía un desequilibrio químico. Hoy se le dice que su agotamiento viene del trabajo, de la plata, de lo que carga en la casa. Eso es mejor, y nosotros mismos lo escribimos este mes.
Pero esa persona sale de la consulta y sigue sola con el problema. Le dimos una explicación nueva y la misma tarea de siempre, que es aguantar.
Saber de dónde viene el malestar no se lo saca a nadie de encima. Este artículo trata de qué sí.
Por qué nombrar la causa no cambia nada
Alguien llega agotado y le decimos que su cansancio tiene que ver con un trabajo que le pide más de lo que puede dar. Es verdad y ayuda oírlo. Después vuelve el lunes al mismo trabajo y nosotros lo vemos una hora a la semana. Cambió lo que esa persona cree sobre su cansancio y no cambió quién tiene que resolverlo.
Mark Fisher le puso nombre a esto. Llamó privatización del estrés al mecanismo por el cual algo que viene de la pega o de la falta de plata termina sintiéndose como un defecto propio.
Hay una versión peor. Si la terapia consigue que alguien tolere mejor una situación que no da para más, le entrega a esa situación justo lo que necesitaba, una persona capaz de seguir ahí. Nadie se lo propone. Basta con ponerse como meta que el síntoma afloje y no preguntar nunca por la situación.
Decir que no somos cómplices de eso es una declaración de buenas intenciones, y ninguna consulta se propone producir gente más resignada. La pregunta útil es técnica. Qué hacemos, dentro del trabajo mismo, para que eso no pase.
Hacemos tres cosas.
El síntoma no es una falla que haya que borrar
Si tratamos el agotamiento como un desperfecto, el final del tratamiento es que la persona vuelva a rendir, y volver a rendir es exactamente lo que el trabajo necesitaba de ella. La devolvemos al mismo lugar en mejores condiciones para soportarlo, y lo hicimos con la mejor intención.
Partimos de otra cosa. El síntoma hace algo, protege algo o evita algo, y conviene entender qué antes de sacarlo.
Eso cambia la pregunta, que deja de ser cómo hacer que el cansancio afloje y pasa a ser a qué está respondiendo ese cansancio. Y cambia qué contamos como mejoría. Alguien que se va pudiendo decir que su desgaste viene de un arreglo que no da para más, y que cambia el arreglo o deja de echarse la culpa, mejoró, aunque siga rindiendo poco.
Un proceso puede terminar entonces con alguien cambiando de trabajo, dejando de hacerse cargo de lo que no le toca o revisando una relación que lo tenía ahí. Una consulta que no aguanta ese final está trabajando para que todo siga igual, diga lo que diga.
Pensar la situación no es aguantarla
Mentalizar suele traducirse como herramientas para afrontar, y así queda del lado de resistir, porque afrontar significa sostener lo que hay.
Lo que el concepto nombra es poder seguir pensando cuando uno está pasado de revoluciones, y pensar incluye pensar dónde está metido. Quien puede mirar su situación deja de tragársela como prueba de que algo anda mal con él. Eso es lo contrario de aguantar, porque uno solo puede reclamarle a algo que ve como ajeno.
Ahí está, medido con precisión, lo que podemos hacer con un problema que nos queda grande. No le arreglamos el trabajo a nadie. Le devolvemos la capacidad de ver que el problema es el trabajo, que es justo lo que había perdido.
Decir en voz alta lo que la terapia no puede hacer
Lo tercero es lo más simple y lo que más se omite. Una terapia que no dice dónde termina miente callándose.
Si la causa está afuera de la consulta, y en buena parte de estos casos lo está, hay que decirlo, porque hay cosas que la psicoterapia no mueve por bien que se trabajen. Si no lo decimos pasa algo concreto. El malestar sigue, la persona saca la cuenta de que fue a terapia y no funcionó, y vuelve a concluir que el problema es ella. Esta vez con lo que parece una prueba.
Los matices
Esto se puede exagerar y exagerado da vuelta el error. Hay personas cuyo sufrimiento tiene una historia propia, que viene de mucho antes y no se explica por lo que les pasa hoy. Echarle la culpa al contexto las deja sin nada de qué agarrarse, y eso también es abandonarlas.
Tampoco se trata de convertir la consulta en militancia. Sabemos hacer una cosa, y ponernos a hacer otra es nuestra propia manera de fallarle a alguien.
Conviene además ser honestos sobre qué clase de afirmación es esta, porque no se zanja con un estudio. Para medir si un tratamiento vuelve a la gente más resignada habría que usar instrumentos que miden, sobre todo, si la persona volvió a rendir, que es justamente lo que está en discusión. Es un argumento sobre qué hace el trabajo clínico y se discute como tal.
Lo que esto significa para quien consulta
No prometemos resolver lo que no se resuelve en una consulta. Ofrecemos un proceso donde el malestar se mira en el lugar donde se produce, donde el síntoma se entiende antes de intentar sacarlo y donde lo que la terapia no puede hacer se dice a tiempo y en voz alta.
Atendemos personas adultas de manera presencial en Viña del Mar y online en todo Chile.
Fuentes
- Fisher, M. Capitalist Realism. Is There No Alternative? Zer0 Books, 2009.
- Bateman, A. y Fonagy, P. Mentalization-Based Treatment for Personality Disorders. A Practical Guide. Oxford University Press, 2016.
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