Casi uno de cada cinco suicidios en Chile ocurre después de los 60

Cuando se habla de salud mental en la vejez se piensa en una persona muy mayor, frágil y sola. Los registros del DEIS muestran otra cosa. Casi todas las muertes por suicidio después de los 60 son de hombres, y se concentran entre los 60 y los 69 años, una edad en que muchos todavía trabajan y casi nunca llegan a una consulta de salud mental.

En este artículo

  • Por qué el relato de las pérdidas explica poco sobre el suicidio en la vejez
  • Dónde se concentran los casos según los registros del DEIS y por qué eso importa
  • Por qué una tasa alta no equivale a un aumento fuera de lo habitual
  • Cómo se presenta una depresión que no aparece como tristeza
  • Qué puede notar una familia antes que el sistema de salud

Por Subjetivamente

Publicado en 2026

En esta página
  1. Lo que muestran los registros
  2. Una brecha de detección
  3. Por qué la tristeza en la vejez se da por descontada
  4. Lo que no aparece como tristeza
  5. Lo que protege
  6. Si necesitas ayuda ahora
  7. Fuentes

El relato habitual sobre envejecer está hecho de pérdidas, de los hijos que arman su propia rutina, de los amigos que se van, de la viudez. Explica todo y por eso mismo no obliga a mirar nada en particular. Cuando se revisan las cifras de suicidio en la vejez chilena aparece un perfil que ese relato no anticipa y que no corresponde a la persona muy mayor, frágil y sola.

Lo que muestran los registros

Según el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), entre enero de 2024 y octubre de 2026 murieron por suicidio 993 personas de 60 años o más, lo que equivale al 19,21% de todas las muertes por esta causa en ese período y significa que casi una de cada cinco ocurre después de los 60.

Conviene decir de inmediato lo que el número no significa. Una tasa alta, o un alza porcentual respecto del año anterior, no prueba que estemos ante un fenómeno fuera de lo habitual, y no hay evidencia de una epidemia. Lo que hace relevante el dato es la forma en que se concentra.

El 88,1% de esas muertes, 809 casos, corresponde a hombres, y 184 a mujeres. Por edad el peso está en el tramo más joven de la vejez, con 489 casos entre los 60 y los 69 años, 308 entre los 70 y los 79, y 196 desde los 80. El grueso ocurre entonces en personas que todavía trabajan o acaban de dejar de hacerlo, que viven solas pero no dependientes, y que casi nunca aparecen en la conversación pública sobre salud mental de las personas mayores.

Una brecha de detección

El sistema de salud pesquisa lo que ve, y a los hombres de esa edad los ve poco, porque consultan menos, llegan más tarde y rara vez por motivos de salud mental. Los factores de riesgo que podrían detectarse en una consulta, como la ideación suicida, la depresión o el consumo problemático de alcohol y otras sustancias, quedan sin registrar, no porque sean invisibles sino porque no hay instancia donde alguien pueda preguntar.

Esa distancia no es un rasgo de carácter. Se construyó a lo largo de décadas en que cuidar la propia salud quedó asociado a algo que hacen las mujeres, y en que pedir ayuda por un malestar sin causa física visible quedó fuera de lo que muchos hombres aprendieron a nombrar. El resultado es que el único punto de contacto con el sistema llega por una dolencia del cuerpo, y la consulta se agota ahí.

Por qué la tristeza en la vejez se da por descontada

A eso se suma un supuesto bastante instalado, que estar triste a los setenta es parte del paquete. La idea tiene origen académico. En los años sesenta se sostenía que las personas mayores se desvinculaban progresivamente de la sociedad como parte natural del final de la vida, una formulación hecha cuando la sobrevida después de los sesenta era corta. Hoy la expectativa de vida se acerca a los noventa, de modo que lo que esa teoría describía como un repliegue breve abarca ahora casi tres décadas.

Cuando la tristeza se da por descontada, la depresión en la vejez se lee como carácter, y nadie consulta por un rasgo de personalidad.

Lo que no aparece como tristeza

Con frecuencia el cuadro no se presenta como tristeza declarada sino enmascarado, en dejar de cuidarse, en no querer levantarse, en abandonar tratamientos médicos que antes se seguían sin problema. Son formas de abandono de sí mismo más que de desgano, y en una persona mayor tienden a atribuirse al deterioro propio de la edad antes que a un estado de ánimo que admite tratamiento.

Lo que protege

Del lado de la protección, lo que funciona no es misterioso. Importa el acceso que no implique esperar meses por una hora, porque la espera desgasta y aleja justamente a quien ya consultaba poco. Importa la actividad física. Y sobre todo importa la participación, porque hacer cosas con otros, en cualquier formato, es el factor que aparece de forma más consistente.

La familia cumple ahí un rol que ningún sistema puede reemplazar, y tiene menos que ver con cuidar que con notar a tiempo que algo cambió. Nadie está en mejores condiciones de advertir que un padre dejó de salir, que un hermano abandonó sus controles o que alguien que antes llamaba ya no llama.

En Subjetivamente atendemos a personas adultas de manera presencial en Viña del Mar y en modalidad online en todo Chile. Quien reconozca estas señales en alguien cercano, o en sí mismo, puede escribirnos para conversar sobre un posible proceso.

Si necesitas ayuda ahora

El Ministerio de Salud dispone del *4141 para consultas sobre ideación o conducta suicida, propia o de un cercano. También puedes llamar a Salud Responde, 600 360 7777.

Fuentes

  • Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS), Ministerio de Salud de Chile. Defunciones por suicidio, enero de 2024 a octubre de 2026.
  • Cumming, E. y Henry, W. Growing Old. The Process of Disengagement. Basic Books, 1961.